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Un día de agua potable por un euro

Cólera. Ira. Enojo. Enfado. Ese es el significado del término cólera en España. Hace mucho que olvidamos que, en realidad, para muchos seres humanos sigue siendo una enfermedad epidémica aguda de origen bacteriano. Una enfermedad que mata, aunque en el primer mundo sea fácilmente curable. Solo se necesita agua potable. 

El año pasado sólo en Angola murieron 3.000 personas como consecuencia de los efectos del cólera; vómitos repetidos y diarrea severa. Un solo euro hubiera bastado para salvarles la vida. 

Es una cuestión matemática. Con un euro se pueden comprar 150 gramos de cloro. Suficientes para asegurar las necesidades básicas diarias de 2.600 personas, según la organización no gubernamental Acción Contra el Hambre.  

Hoy, un grupo de impulsores valencianos asegura que cuenta con más de 40.000 euros disponibles para llevar agua a África. ¿Se imaginan a cuántas personas va a salvar la vida?. Que sepamos, ese dinero daría de beber a más de 100 millones de personas por un día. Y, si se invierte en la construcción de pozos e infraestructuras de distribución hídrica, pueden multiplicar exponencialmente su efecto. 

Con esa idea nació la Iniciativa Valencia 0,7, una propuesta que los propios impulsores califican de “descabellada y romántica”. Se trataba de unir la edición en Valencia de la XXII America’s Cup con la cooperación al desarrollo de África, mediante la recaudación del 0,7% del presupuesto de este evento.  

Hoy -viernes- se sabrá hasta dónde han llegado. Son poco más de 200 personas y 40 empresas las que han respaldado esta iniciativa. Felicidades a todos. Y, para aquellos que tengan un euro en sus manos, recuerden que todavía es posible hacer mucho con muy poco.

Por: José A. Giménez · Comunicólogo


Y de este pastel, ¿cuánto pensamos repartir?

La victoria del Alinghi ha originado un auténtico terremoto de reacciones y declaraciones sobre lo que ha supuesto la XXXII edición de la Copa América y lo que podría suponer albergar la treinta y tres edición de la competición. Aunque no podemos olvidar que el autentico desafío todavía no ha terminado. Quedan dos días para que la competición acabe oficialmente y dos preguntas sin respuesta; ¿cuál será la sede de la próxima edición? y ¿seremos los valencianos tan solidarios como decimos?. Es pronto para cerrar cuentas, pero los números toman cuerpo en la boca de los políticos y los economistas. Dice que la Copa América deja en la ciudad de Valencia unos 3.150 millones de euros y que ha provocado la creación de un total de 111.000 empleos. Y esto sólo es una estimación. Todavía están por elaborar informes que cifren con exactitud el impacto real que la máxima competición de la vela ha tenido sobre la capital del Turia y toda la región. Si nos fiamos de los análisis de consultoras y empresarios se cifra en un 1,7 por ciento el crecimiento inducido por las regatas en el Producto Interior Bruto (PIB) de la Comunidad entre 2004 y 2007. Un éxito. En todos los medios de comunicación se habla de las inversiones que la competición ha dejado en nuestra región; más de 600 millones de euros en infraestructuras para la ciudad, el acondicionamiento del puerto, con 500 millones financiados a través del ICO; y la ampliación del aeropuerto de Manises, que ha costado 105 millones, entre otras, han sido las principales inversiones desde 2003. Un reciente estudio de la Conselleria de Turismo, elaborado a través de entrevistas a quienes accedían al Port America´s Cup, aseguraba que los visitantes de la competición se están dejando en la ciudad una media de 1.316 euros, aunque un 22 por ciento de ellos llega a gastar más de 4.000 euros durante su estancia en la Comunidad. Hemos recibido –y recibiremos mucho- de esta competición. La cuestión es ¿cuánto estamos dispuestos a compartir?. Por ahora, menos de 50.000 euros, aunque los compromisos adquiridos por relevantes personalidades de la cultura y la sociedad valenciana permiten ser optimistas. Ese optimismo es el que llevó a un grupo de impulsores a desarrollar la Iniciativa Valencia 0,7. Una propuesta descabellada y romántica. Nada menos que intentar unir la edición en Valencia de la XXII America’s Cup con la cooperación al desarrollo de África, mediante la recaudación del 0,7% del presupuesto de este evento. Hablamos de unos 17 millones de euros –según los organizadores-. El objetivo; desarrollar infraestructuras que garanticen el acceso al agua potable en Kenia, Mozambique, Guinea Ecuatorial y Benín. El ser humano se pone metas inalcanzables que, en un momento u otro de la historia, se hacen realidad. Volamos como los pájaros, pisamos la luna y clonamos un ser vivo. Tenemos todavía 48 horas para cumplir otro sueño; hacer brotar el agua en cuatro zonas áridas del planeta. El único esfuerzo que requiere es ceder una parte del pastel, aunque sólo sea una migaja. Es hora de hacer algo por superar otra meta; www.valenciacerosiete.org La solución al otro enigma es cosa de Ernesto Bertarelli. Sin duda, será una buena campaña de promoción internacional demostrar que somos capaces de albergar el lujo sin olvidarnos de los millones de seres humanos que carecen de un derecho; el acceso al agua. Por: Ana Yago. Diseñadora y miembro de la iniciativa Valencia 0,7


Mediterráneo, espejo de solidaridad

Dicen los expertos que la ciudad de Valencia ha vivido de espaldas al mar las últimas décadas. Puede que la America’s Cup haya cambiado definitivamente esa idea. Ahora, miles de valencianos han redescubierto el Mediterráneo más allá de la Malvarrosa o Las Arenas. Visitan el puerto con inusitada curiosidad, recorren los tinglados y los amarres, suben a gabarras que les dan un paseo por las instalaciones y descubren la vela, o al menos hablan sobre barcos, yates y marinos. 

Esos mismos ciudadanos visitan las cafeterías y las terrazas de los equipos que han participado –y participan- en la competición náutica. Gastan dinero en tiendas exclusivas. Salen de copas por la noche al calor del reclamo de la oferta de ocio del puerto. Y no miran más allá del mar. 

No hay rincón de la ciudad en el que el mar y el agua no estén presentes. Nadie se preocupa ya de las restricciones en el consumo del agua tras las elecciones y las últimas declaraciones de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que ha asegurado que ninguna comunidad autónoma tendrá cortes de agua este verano.

Miramos al mar, pero no vemos más allá de las velas de colores. Al otro lado del estrecho, un continente entero también ha reorientado su mirada al mar. No como un espacio de ocio, sino como la puerta a un destino incierto. Un destino en el que el agua no es una barrera sino un elemento accesible. 

Un continente entero se muere de sed. Y este año, más aún que otros en los que sentíamos la punzada de la sequía, deberíamos ser conscientes de ello. No nos sobra el agua, pero tampoco carecemos de ella para los usos más básicos. 

Sobre esta idea se construyó la Iniciativa Valencia 0,7. Una propuesta descabellada y romántica. Nada menos que intentar unir la edición en Valencia de la XXI America’s Cup con la cooperación al desarrollo de África, mediante la recaudación del 0,7% del presupuesto de este evento. Hablamos de unos 17 millones de euros –según los organizadores-. El objetivo; desarrollar infraestructuras que garanticen el acceso al agua potable en Kenia, Mozambique, Guinea Ecuatorial y Benín. 

Cerca de 60 entidades y 400 particulares han respaldado ya la propuesta. Es una carrera de velocidad a favor de los derechos humanos, que culminará el 7 de julio de 2007, fecha en la que se clausurará la competición de vela y se sabrá si se ha conseguido esta hazaña. 

La situación se ha hecho insostenible en muchas regiones de mediterráneo. Ese mar que baña gran parte de nuestras costas y que cada año pierde agua y vida. Científicos de la Universidad de Alicante así lo aseguran. En julio, habrá 250.000 millones de toneladas de agua menos que en pleno invierno. Y la temperatura en superficie del Mediterráneo ha aumentado a razón de 0,075 grados centígrados anuales desde 1993 y se ha duplicado en la última década con respecto a la de 1980. Ya es cinco veces superior al calentamiento que registran, por término medio, el conjunto de los océanos del mundo (0,015 grados al año). 

Paradójicamente el nivel del agua en el periodo estival es unos veinte centímetros superior con respecto a los meses de invierno. Esta circunstancia se produce porque el agua se dilata por el aumento de la temperatura en verano y ocupa más volumen, aunque pesa menos. 

Puede que esa sea una de las razones de que no seamos conscientes de la lenta agonía del Mare Nostrum. Las velas de colores y las fiestas nocturnas no deben hacernos olvidar esta realidad, como tampoco que África se muere de sed. Aunque cada día veamos menos imágenes del continente negro y más de grandes yates. Y nosotros tenemos cada vez menos agua disponible. Es hora de hacer algo. 

Por: Ana Yago. Diseñadora y Especialista en Campañas de concienciación social